El porcentaje restante: Matières Fécales y la política de la representación

Con su colección primavera-verano 2027, Matières Fécales transforma la Place de la République de París en un escenario de reivindicación colectiva. A través de noventa y nueve modelos racializados y una propuesta que transita entre la intimidad, la rebeldía y la alta costura, Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bhaskaran cuestionan quién tiene derecho a ocupar el centro de la industria.

Hay lugares que trascienden su condición física para convertirse en símbolos. La Place de la République de París es uno de ellos. Históricamente vinculada a las manifestaciones y a la expresión colectiva, la plaza se convirtió el pasado 28 de septiembre en el escenario de una propuesta que trasladó al lenguaje de la moda algunas de las tensiones sociales que atraviesan nuestro presente. Bajo la mirada de la monumental estatua de la República, Matières Fécales presentó The Ninety-Nine Percent, una colección que desplaza el foco desde las élites hacia quienes, con demasiada frecuencia, permanecen en los márgenes.

Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bhaskaran

Dueños y directores creativos de @matieresfecalesparis

El título no es casual. Tras The One Percent, su anterior colección, en la que el dúo formado por Hannah Rose Dalton y Steven Raj Bhaskaran cuestionaba los excesos de las clases privilegiadas, la firma invierte ahora la perspectiva. Si entonces el objetivo era señalar a quienes concentran el poder económico, esta vez la mirada se dirige hacia el 99 % restante. La operación no consiste únicamente en cambiar el protagonista del relato, sino en cuestionar quién tiene la capacidad de construirlo.

La representación como punto de partida

La decisión más significativa del desfile fue reunir a noventa y nueve modelos racializados. En una industria donde la diversidad ha ganado visibilidad, pero continúa planteando interrogantes sobre la distribución real del poder, el casting se convirtió en una parte esencial del discurso de la colección.

No se trataba simplemente de incorporar diversidad a una sucesión de looks, sino de situar a estas personas en el centro de la narración. La pasarela dejaba de ser únicamente un espacio de exhibición para convertirse en un escenario desde el que interrogar los mecanismos de representación de la propia industria.

La elección adquiere una dimensión adicional al considerar la trayectoria personal de Bhaskaran, quien ha hablado públicamente de su infancia en un entorno de pobreza y de las dificultades que han marcado su experiencia. Su historia funciona como uno de los puntos de partida de la colección, que conecta las vivencias individuales con una reflexión más amplia sobre las comunidades históricamente relegadas.

Sin embargo, conviene distinguir entre visibilidad y transformación. Ocupar una pasarela de prestigio constituye un gesto significativo, pero no garantiza por sí mismo una redistribución del poder dentro de la industria. La pregunta no es únicamente quién aparece ante el público, sino quién controla los recursos, las oportunidades y las estructuras que hacen posible esa aparición. Es precisamente en esa distancia donde el desfile encuentra una de sus cuestiones más relevantes.

Tres actos para construir una identidad

La colección se desarrolló en tres actos que articularon un recorrido desde lo íntimo hasta lo colectivo. Más que una sucesión de propuestas estéticas independientes, la estructura funcionó como una narración en la que la experiencia personal se convertía progresivamente en una declaración pública.

Créditos a Tagwalk por las imágenes del lookbook

El primer acto se construyó alrededor de la familia, la maternidad y las referencias religiosas. Los vestidos blancos, las transparencias, los tejidos drapeados y las figuras de inspiración monacal evocaban una atmósfera de recogimiento. En estas imágenes aparecía una dimensión autobiográfica vinculada a la infancia de Bhaskaran y a la influencia del conservadurismo religioso en su entorno familiar. La delicadeza de las prendas convivía con una cierta severidad. El blanco, tradicionalmente asociado a la pureza, adquiría así una lectura ambivalente: podía sugerir protección y pertenencia, pero también remitir a los códigos morales y sociales que condicionan la construcción de la identidad.

El segundo acto alteró esa atmósfera. Las referencias punk, los tejidos desgastados, el denim intervenido y los mensajes de resistencia introdujeron una estética más agresiva. La rebeldía dejaba de expresarse mediante símbolos de pureza para adoptar un lenguaje de confrontación. Era el tránsito de la intimidad a la protesta, de las normas heredadas a la posibilidad de cuestionarlas.

Finalmente, el tercer acto llevó la propuesta hacia el territorio de la alta costura. Los volúmenes escultóricos, las crinolinas y las siluetas monumentales ampliaron la escala visual del desfile. En esta última parte, los tejidos de sari procedentes de Varanasi se transformaron en volúmenes inspirados en la costura de los años cincuenta, mientras que el algodón tejido a mano en Burkina Faso se incorporó a prendas de noche estructuradas.

Esta combinación planteaba una cuestión que va más allá de la experimentación material: qué tradiciones, técnicas y referencias culturales son reconocidas como parte del patrimonio de la moda y cuáles permanecen en una posición periférica. Al trasladar estos textiles al lenguaje de la alta costura parisina, Matières Fécales establecía un diálogo entre universos que la industria no siempre ha situado en un plano de igualdad.

El lujo frente a sus propias contradicciones

La elección de la Place de la République reforzó el significado de la colección. Frente a los espacios tradicionalmente asociados al lujo parisino, la plaza introducía una dimensión pública y colectiva. El desfile no se desarrollaba en un escenario neutral: su ubicación formaba parte del mensaje.

En este contexto, la moda aparecía como un sistema atravesado por contradicciones. Puede reproducir jerarquías sociales, pero también ofrecer herramientas para cuestionarlas; puede convertir la identidad en un producto comercial y, al mismo tiempo, proporcionar visibilidad a experiencias que históricamente han quedado fuera de su relato dominante.

Matières Fécales opera precisamente en esa tensión. Su lenguaje visual, deliberadamente extremo, cuestiona los ideales convencionales de belleza y las expectativas que rodean al cuerpo. Con The Ninety-Nine Percent, esa voluntad se desplaza hacia una reflexión más explícita sobre la representación y el acceso.

Pero la pregunta permanece: ¿hasta qué punto puede una marca cuestionar las estructuras del lujo mientras desarrolla su trabajo dentro de ellas?

Sería simplista concluir que la presencia de una firma en el sistema invalida automáticamente su discurso crítico. Las transformaciones culturales también pueden surgir desde espacios institucionalizados. Sin embargo, tampoco basta con que una colección formule una reivindicación para considerar que las desigualdades que señala han sido superadas. La relevancia de la propuesta reside, en parte, en mantener abierta esa tensión. El desfile hace visible una contradicción que la industria no siempre está dispuesta a examinar: la distancia entre celebrar la diversidad sobre una pasarela y garantizar que esa diversidad tenga un lugar real en las estructuras que sostienen el negocio de la moda.

Más allá de la pasarela

Con The Ninety-Nine Percent, Matières Fécales plantea una cuestión que trasciende la temporada y sus tendencias. ¿Quién tiene derecho a ser visto, reconocido y considerado parte de la historia de la moda?

La colección no elimina las desigualdades que pone sobre la mesa, ni una pasarela puede hacerlo por sí sola. Pero sí modifica, aunque sea temporalmente, el centro de atención. Las personas que suelen aparecer como excepción pasan a constituir el núcleo del relato, mientras que la alta costura deja de presentarse únicamente como una tradición cerrada para entrar en diálogo con otras experiencias y formas de creación.

Quizá la principal aportación del desfile no sea ofrecer una respuesta definitiva, sino obligarnos a revisar las preguntas con las que observamos la industria. Porque la representación importa, pero también importa lo que sucede después de que se apagan las luces. Y si la moda aspira a construir un imaginario verdaderamente colectivo, el reto no consiste únicamente en abrir la pasarela al noventa y nueve porciento, sino en preguntarse qué tendría que cambiar para que ese noventa y nueve porciento pudiera participar, en condiciones de igualdad, en la construcción del sistema que lo representa.

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